martes, 4 de octubre de 2011

2. LA CONVERSIÓN ES NECESARIA



La conversión es necesaria (Marcos 1:4)


El primer requisito para seguir a Jesús es la conversión. En palabras de Juan, el primo de Jesús, es necesaria.

Estaba pensando en el significado de esta palabra. Como tantos otros términos incorporados a la experiencia religiosa es de origen griego. Para los helenos no tenían ninguna connotación de tipo religioso, significaba simplemente un cambio de dirección, un giro de 180 grados, una nueva orientación. Alguien iba caminando en una dirección determinada y, en un momento dado, era consciente de la necesidad de cambiarla e ir en la dirección contraria. Ese giro, ese cambio, era la conversión.

Al escribir estas líneas viene a mi mente las palabras del profeta Isaías en el capítulo 57, que luego son citadas por Pablo en el capítulo 3 de su carta a los romanos, cada cual se apartó por su camino. Porque verdaderamente este es el problema del ser humano, y consecuentemente el mío, cada uno de nosotros hemos decidido ir en nuestra propia dirección y esta, lamentablemente, no sólo nos ha llevado lejos de Dios sino, en muchas ocasiones, por desgracia, a rutas de auto destrucción y muerte. Al escribir estas líneas viene a mi mente la parábola del Padre que ama y perdona que Jesús explicó en el evangelio de Lucas capítulo 15. Uno de los hijos representados en la parábola marchó de la casa del Padre, se fue a vivir su propia vida, tomó su propio camino.

Entendiendo esto tiene todo el sentido del mundo la afirmación de Juan acerca de la necesidad de la conversión, porque el primer paso necesario, preciso, innegociable para poder seguir a Jesús en el siglo XXI o en cualquier otro es, sin ninguna duda, dar un giro radical y dejar nuestro camino para seguir a Jesús.

Es imposible seguir al Maestro sin dejar nuestro propio camino. Si uno lo trata de visualizar se da cuenta de la ridiculez de la situación: una persona tratando de caminar de forma simultánea en dos caminos que van en direcciones opuestas. ¡Es imposible! ¡No puedes al norte y al sur al mismo tiempo! Me doy cuenta cuán importante es esto. Nuestra cultura religiosa nos ha acostumbrado a pensar que la conversión es una cuestión del intelecto, es estar de acuerdo con una serie de conceptos y verdades teológicas. La conversión es un cambio en el estilo de vida, en la forma de vivirla, es una cuestión del corazón -el centro de control de la vida para los hebreos- no del intelecto.

Dejar mi camino para seguir el camino de Jesús. Pero la conversión es, a la vez, un evento y un proceso. Es un evento porque hay un momento en mi experiencia vital que llego a la conclusión de que estoy yendo por mi propio camino, al margen del camino de Dios, en dirección opuesta. Decido convertirme, es decir, hacer ese giro del que he hablado.

Pero es un proceso porque la vida, la experiencia humana, no es estática, antes bien, es completamente dinámica. Pero me doy cuenta que debo de estar convirtiéndome constantemente. Tengo que ser consciente que muy fácilmente puedo volver a mi propio camino y abandonar el del Señor, no puedo olvidar que la vida abre nuevas bifurcaciones, bocacalles, encrucijadas y en todo momento debo estar seguro que tomo el camino de Dios.

No soy el mismo que era cuando por primera vez tomé la decisión de dejar mi camino para seguir el de Jesús. Mucho ha cambiado desde entonces, tengo esposa e hijos, he vivido diferentes experiencias humanas, intelectuales y espirituales, nuevas puertas y oportunidades se han presentado ante mí y, de forma consciente, he tenido que orientarlas en el camino de Jesús.

Es como un largo viaje, algo va mal cuando hace tiempo que no he visto las señales que me indican que estoy en la dirección correcta. No sería la primera vez que viajando he tenido que parar mi automóvil, mirar el mapa, buscar puntos de referencia y darme cuenta que estaba en la dirección equivocada, era necesario convertirse, es decir, dar la vuelta y marchar en la dirección correcta.

Entonces no lo entendía, creo que ahora si. He de estar constantemente convirtiéndome a Jesús, orientándome hacia Él, entre otras cosas para parecerme más y más a Él, para que su carácter sea más evidente en mi vida. He de estar de forma consciente, pro activa, voluntaria, intencional, asegurándome que mi camino es el del Maestro, que estoy en la dirección correcta porque mi peligro, mi tentación y la realidad, porque muchas veces lo he hecho, es que muy fácilmente sigo mi propio camino a la que me despisto.




Mi imitación de Jesús

Volverme de mis caminos hacia el camino de Jesús.

La acción práctica

Pararme, pensar, evaluar y de manera honesta ver en qué dirección van mis caminos. Actuar en consecuencia y convertir aquello que sea necesario a Jesús.

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